domingo, 7 de mayo de 2017

“Tú y yo” (“An Affair to Remember") de Leo McCarey--- Indiscreta”, de Stanley Donen

Una obra de creación lleva, lógicamente las marcas de su época. En el buen y en el mal sentido. 
Dicho eso, con solo un año de diferencia, con los mismos condicionantes, pues, y -en el caso que nos ocupa- con el mismo actor protagonista, se pueden hacer dos obras que resulten totalmente distintas, no solo en lo anecdótico, en la trama, sino en los valores que vehiculan, en su intención, en su ritmo y dinámica, en su puesta en escena... en fin, en todo ese conjunto de factores que hacen posible o no su pervicencia. 
Hoy en día, la primera película de las que comento se soporta con dificultad, mientras que la segunda se ve en un suspiro... 


En la foto, a Cary Grant lo han "aclarado" porque en el film está mucho más "Zaplana" para que os hagáis una idea...


“An Affair to Remember" (en España, “Tú y yo” y en Latinoamérica, “Algo para recordar”) de Leo McCarey (la versión de 1957) es un pestiñazo de los que te dejan clavada en la butaca, sin ánimos ni para huir. Qué cosa más plasta y más ñoña… Dura casi dos horas. La primera media hora resulta graciosa. Luego, empieza a engarzar manidas reaccionarieces, pierde el ritmo, tira y estira el tiempo en tonterías y escenitas secundarias… no se priva de nada y cae en todos los topicazos: anciana abuelita que ya solo vive para venerar el recuerdo de su difunto esposo; protagonista que, conforme avanza la peli, se muestra más sacrificada, modesta y futura esposa “ideal”, vamos que hasta reza piadosamente ante la virgen -no sabría decir si la Milagrosa, la de Lurdes o la de Fátima-, en definitiva, que el film ni siquiera tiene la gracia (digo para nosotros) de que los protas sean protestantes (Leo McCarey era católico y, en vista del guion, un buen meapilas); criado gracioso y fiel que le hace una barriga por año a su mujer (porque “Francia necesita hombres" pero a él solo le nacen mujeres… y se supone que tenemos que reírnos); amor de ambos protagonistas por los niños y hasta por los perros; coro infantil que ella generosamente dirige; cura bondadoso (no de los que violan a las criaturas del coro, no, para nada), médico atento y  paternal, etc...
Ya os digo: una peli que debió ser en su día una joya muy preciada de los cines franquistas… Bueno, fijaos cómo será que hasta Cary Grant desmerece. A medida que avanza la peli, se le nota más desubicado (y ya, cuando se le ve en una escena vestido de pintor, para qué). Y, oh horror, con un bronceado que tumba. O sea, totalmente achocolatado. Estilo Eduardo Zaplana para entendernos. Y en Eduardo Zaplana, vale, porque es un hortera pero ¿en Cary Grant?



Por el contrario, “Indiscreet” (“Indiscreta”), de Stanley Donen (1958) es una comedia mucho más divertida e inteligente, sin comparación:  El guion, de Norman Krasna, basado es su propia obra de teatro, es bueno. Tiene momentos muy agudos, tiene sentido del humor y todos los personajes son interesantes (no diría que lócamente originales, pero interesantes). La puesta en escena es ágil y astuta. 
Al film no le queda más remedio que respetar la pacatería y gazmoñería de la época (que ni siquiera permitía que los matrimonios aparecieran acostados en la misma cama) pero la respeta formalmente. En el fondo, se la carga.
Y Cary Grant, sí, muy glamour, la verdad. De hecho es él quien aporta el glamour. Hace una primera aparición que es altamente divertida porque es la típica que se suele reservar para las mujeres. Pero aquí no, aquí la hace él, sin duelo (como pasaba con Rodolfo Valentino).
Ingrid Bergman que no era nada glamour (por mucho traje de Dior que le coloquen) era, sin embargo, buenísima actriz. Mucho mejor que Grant. 

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