martes, 29 de marzo de 2016

Triunfo de La novia en la 38 edición del Festival internacional de cine Realizado por Mujeres

Créteil, en la periferia de París, ha acogido una nueva edición (y van 38) de este festival que es, sin duda, uno de los más antiguos y prestigiosos de los dedicados al cine realizado por mujeres.
En ediciones anteriores ya habían sido recompensados varios films españoles o de habla española. Así, por ejemplo, en 2013, La boda, de Marina Seresesky, recibió el premio de Canal+ al mejor cortometraje y fue mención especial del jurado de la Universidad de París XII. En 2014, El pasado nunca muere, de Isabel Coixet, recibió el Gran Premio del Jurado al Mejor Largometraje de Ficción.
Este año, el Premio del Público ha recaído en La Novia, dirigida por Paula Ortiz.
Como señaló la directora, Paula Ortiz, el hecho de que fuera el Premio del Público la satisfizo especialmente porque revela la aceptación de su película por parte de quienes son sus receptores naturales: los espectadores.
Y, en efecto, así es: este premio nos alegra por todo lo que significa de reconocimiento a la obra de una directora que se lanza, aventurera, audaz y sin miedo (o con miedo, pero con tanta pasión que consigue vencerlo), a un proyecto en el que pone su corazón, sus energías, su entusiasmo, su saber, su amor por el cine y por la literatura.

lunes, 28 de marzo de 2016

Cine y micción

Someto a vuestra consideración este detalle que siempre me ha dejado estupefacta: ¿cuántas veces hemos visto la micción masculina en el cine? Y con qué complacencia, con qué fruición y con cuántas variantes: como competición, como rito iniciático, como símbolo de fratría, de humor, de ternura, de compañerismo, etc. etc.
Total, que mientras la micción femenina es una simple necesidad fisiológica, la masculina es una especie de proeza de interés general[*].

El destino no está escrito.

La ideología cristiana me repugna. Siento decirlo por si ofendo a gente buena (a la mala no me importa ofenderla, al revés). Y aclaro que no estoy atacando a los evangelios sino a la ideología que ha propagado la iglesia, esa que nos vende el valle de lágrimas, la glorificación del sufrimiento, la paralizante resignación ante los males del mundo pretextando que en la otra vida se nos recompensará, esa que pregona que los dolores nos los manda dios y nos los manda para bien…
Esa que representa Jorge Fernández Díaz, ministro del interior y miembro del Opus Dei, cuando comenta sobre los asesinatos de Bruxelas: “Espero que podamos aplicar el dicho e que no hay mal que por bien no venga”. ¡Y luego acusan a Podemos de connivencia con el terrorismo…!

¡Qué vergüenza siento, por diosa, de compartir país (o lo que sea pues no voy a entrar en disquisiciones nacionalistas) con un tipo de esa calaña. Los otros ministros de la Unión Europea deben de haberse quedado a cuadros…
Sí, ya sé que si el cristianismo se extendió fácilmente entre los esclavos del imperio fue justamente porque les proporcionaba lo que veían como única “salida”. No podían rebelarse, no podían luchar contra el sistema, entonces, al menos, el consuelo de creer que en la otra vida, un dios les compensaría.
Y sé que hoy, en la fase previa a la rebelión, sigue estando la resignación, el esfuerzo por ver el lado “bueno” de la opresión más salvaje. A ello se acogen los que no piensan que exista ningún otro escape. Y, por supuesto, esa ideología de santificación por el sufrimiento se nos ha predicado con sumo ahínco y sobre todo a las mujeres. Como bien analizó Celia Amorós -y otras feministas- el patriarcado nos hace depositarias de los “valores” y las “tradiciones”. Somos una especie de “vertedero espiritual” donde “condensan” todos los horrores.
Así, en muchos países árabes, ellos, los hombres, se han modernizado tan ricamente: van con short, en chanclas y con tarjeta de crédito. Ellas siguen tapadas y de negro. En países donde el sol quema salvajemente, les obligan a vestir de negro… ¡De negro! Justamente el color más “fresquito” posible. Cuesta comprender tanto sadismo.
Observad que bueno es: deja que su mujer se bañe.


Y el mecanismo no se da solo en los países árabes. Desgraciadamente se puede generalizar: Todo lo que en una sociedad esté mal visto, está incomparablemente peor visto en una mujer.
Aún recuerdo nuestra infausto fascismo, aquel que se apoyaba mutuamente con la iglesia y jaleaba sus siniestras prédicas hacia las mujeres…Y lo que aún se nos sigue predicando -no de la misma manera, las formas han cambiado pero el fondo persiste.
Pero no. Nosotras las feministas decimos que el destino no está escrito. Lo escribimos luchando. Perdonad que me ponga tan mitinera pero es lo que creo.

http://tribunafeminista.org/2016/03/nosotras-las-feministas-decimos-que-el-destino-no-esta-escrito/

viernes, 25 de marzo de 2016

Películas recomendables

A menudo me preguntáis por películas "que estén bien", que no sean machistas, o que traten este tema o aquel otro... 
Y yo me siento un poco pedida porque, en el momento, no se me ocurren y porque yo más bien me dedico al análisis de contenido.
Para intentar remediar mi incapacidad clasificadora, aquí os cuelgo el enlace a una página que seguro os resultará interesante.
Yo, mirando la lista de películas que proponen, soy menos optimista. Creo que películas feministas, feministas hay muchas menos. Y creo incluso que algunas de las propuestas tienen relentes machistas. También echo en falta otros títulos que a mí personalmente me han interesado.
Digamos que, más que feministas, son películas protagonizadas por mujeres. pero, tal y como está el asunto del cine, eso ya es muy extraordinario.
http://www.peliculasfeministas.com/bienvenidas-a-peliculas-feministas/

miércoles, 23 de marzo de 2016

"In Jackson Heights" de Frederick Wiseman (2015)

Anoche vi "In Jackson Heights" la última película (2015) de Frederick Wiseman. 
Wiseman lleva más de 40 años haciendo cine y ha realizado más de 40 documentales de los cuales solo no conozco media docena: "The Store", "La Danse, le ballet de l'Opéra de Paris", "National Gallery" y alguno más.
Ya sabéis que usa siempre la misma técnica: filma y filma lo que ve, sin comentarios y sin preguntas.
Luego, se mete en la sala de montaje durante meses y ahí crea la película. Si  añadidos, ni música, ni glosas de ningún tipo. Y con duración considerable.


"In Jackson Heights" dura tres horas y pico. Claro que lo mismo podría haber durado una que ocho... quiero decir: ves desfilar la vida y la vida es inacabable e inabarcable.
Sobre todo porque puedes pensar: de la National Gallery o de la Ópera de París, llega un momento en el que ya se puede haber dicho todo lo que importa.... Pero este film es sobre un barrio de Nueva York y sobre sus habitantes. Miles de personas en miles de situaciones...
Si eres tendencia "voyeur" (como me pasa a mí) y lo que te muestran tiene interés, te puedes quedar viendo y viendo...
Jackson Heights es un barrio multicultural (donde se hablan 167 lenguas) aunque finalmente, Wiseman se centra sobre todo en los hispanos. Un ratito con los musulmanes (poco), un ratito con los judíos (muy emocinante pero poco también), otro con los ancianos, otro con los gays (más), los trans, stc. pero son los hispanos (colombianos, mejicanos, ecuatorianos, guatemaltecos... quienes acaparan el protagonismo. Y la verdad es que resultan interesantísimos en todos los aspectos.
Una gente (al menos los que se ven: en asambleas, cantando, divirtiéndose, discutiendo entre ellos, trabajando, etc.) estupenda. Viven, sobre todo algunos, situaciones muy duras pero pelean en todos los frentes, se organizan, tienen un espíritu muy solidario y abierto...
Bueno y lo dejo ya porque sé que, cuando hablo de pelis que nadie o casi nadie ha visto, lógicamente es como hablarme a mí.

La señora de la foto cuenta a la asamblea una historia impresionante: los coyotes con quienes a su hija y a una amiga cruzaban la frontera, las abandonaron en pleno desierto. Estuvieron perdidas 15 días. Se salvaron de milagro.


lunes, 7 de marzo de 2016

Ni él monstruo ni ella esclava

Varias personas glosaron lo que escribí sobre Gide. Una de ellas decía que Gide no era un monstruo ni Madelaine, su mujer, una esclava. Yo no dije ni lo uno ni lo otro pero, a raíz de ese comentario, me gustaría matizar algunas cuestiones.
   1.- Madelaine no era una esclava pero fue amputada –y sin su consentimiento- de lo que seguramente constituían sus expectativas de futuro.
En efecto, es ciertamente muy dudoso que Madelaine espera de su matrimonio placer sexual. En esa época y entre la burguesía, las mujeres estaban educadas más bien en la variante: “Cierra los ojos y piensa en Inglaterra”[1]. Se suponía que no debían tener deseos sexuales, sino prestarse de buen grado a los de sus legítimos esposos. De modo que, la mayoría de ellas no esperaría un orgasmo, ni probablemente supieran que existía tal cosa y, de saberlo –por la masturbación- lo vivirían con sentimiento de culpa y lo ocultarían como un gran vicio, algo raro y vergonzoso que les pasaba.
Hay pocas fotos de Maleine. Aquí, de pie, con una amiga de infancia, Mathilde Roberty

Pero eso no impide que para ella fuera humillante y motivo de desasosiego comprobar que su marido no quería usar su “derecho marital”. Según palabras del propio Gide, Madeleine intentó  agradarle haciendo “Tout ce que la pudeur lui permettait” (todo lo que el pudor le permitía). Y, claro, Madelaine se culpaba del fracaso. Escribió en su diario: "Ah, si seulement j'étais plus belle et savais mieux le charmer!"  (Ah, si pudiera ser más guapa y supiera atraerlo mejor!).
Lo que seguramente sí entraba en sus expectativas sería tener hijos. Gide no le dio la más mínima oportunidad de ello. Y, vuelvo a repetir, tampoco explicaciones.
Madelaine terminó prematuramente envejecida, deteriorada, encerrada en las tareas domésticas, hasta el punto de que (según narra el propio Gide) en algún hotel la tomaron por su madre. Y Celeste Albaret cuenta en sus memorias que ella la tomó por el ama de llaves.

 2.-   Gide no fue un monstruo. NI FALTA QUE EL HACÍA. Cuando el poder y la ideología dominante te respaldan, no necesitas siquiera ejercer una presión especial para imponerte. Basta con saber que tú sí puedes follar o no follar con quien quieras (o solo disimulando un poco, porque una cosa era ser pobre y homo y otra ser intelectual con poderío), frecuentar a quien te dé la gana, entrar y salir, emprender viajes con tus amantes, tener un proyecto de vida propio, poder dedicar tu tiempo y tus energías a lo que te gusta y te interesa, a tu “obra”.
E incluso, llegando a una cierta edad (a los 55 concretamente), puedes decidir que no estaría nada mal tener descendencia a fin de que no se pierdan tus preciados genes. Entonces, tal y como hizo Gide, buscas otra generosa y joven señora, la embarazas, ella te cría y te cuida la criatura y tú luego ya –si tienes un rato y te apetece- ejerces de cariñoso padre y tierno abuelito…[2]

Gide y su hija


Todo ello sin despeinarse, sin necesidad alguna de ser un monstruo. Es lo que tiene pertenecer a la clase o al género dominante.

    3.- Quién protagoniza, gana.
Aunque bastantes de las cosas que sabemos sobre su relación con Madeleine proceden de las confesiones del propio Gide, su conclusión siempre era: “Cuánto sufro por no poder contentarla” (estas no son palabras textuales, aclaro). O sea, él terminaba siendo el protagonista, el que emite su punto de vista y se erige en el centro (incluso de la pena que provoca). Vemos por sus ojos. Como tantas veces he explicado a propósito del cine, ese procedimiento más efectivo para fabricar identificación/proyección.
Así, aunque Gide declare que para Madeleine lo que ocurre es lesivo, la historia que vivimos es la de Gide, ese gran escritor premio Nobel. Estamos con él. No con ella. Y ella importa relativamente poco
En consecuencia, los exegetas y admiradores de Gide, cuando alaban su honestidad, su valentía moral, etc. etc. no matizan. No dicen, por ejemplo: confesarse homosexual en aquella época no era fácil, de modo que sí, que en este tema Gide fue digno de alabar; ahora bien, su comportamiento con Madelaine fue execrable, oportunista, vergonzoso y ranciamente patriarcal.
Las mujeres o no importan o son culpables. Así, Anuradha Bhattacharjee, culpa a la madre de Gide de la homosexualidad de su hijo: «Les tendances homosexuelles de Gide ont leurs racines dans cette enfance sans père, soumis à l'autorité exclusive d'une mère puritaine».
¡Toma ya!

Quizá Madeleine hubiera querido también disfrutar con sus nietos, como Gide con los suyos.

Dicho eso –y como ya comenté- no me entusiasma Gide como escritor pero reconozco que no soy experta en literatura. Y seguramente llevan razón todos los que lo consideran un genio y los que le concedieron el Nobel.




[1] Según se cuenta, esta es la información preparatoria para su noche de bodas que le dieron a la reina Victoria de Inglaterra.
[2] Gide reconoció a su hija quince años más tarde. El hecho de que no la reconociera al nacer lo explica diciendo que no quería hacerle ese feo a Madeleine (ya podría haber tenido otros detalle de “delicadeza” con ella y antes). 

miércoles, 2 de marzo de 2016

Les bois dont les revés sont faits , de Claire Simon, 2016.

Ayer vi en pre-estreno “Les bois dont les revés sont faits », (“La madera con la que se construyen los sueños”) de Claire Simon.
Conozco mal su obra. Me gustó mucho « Les Bureaux de Dieu », peli de 2008 que se desarrolla en unos locales del planning familiar y retrata los problemas de contracepción y de aborto con los que se enfrentan las mujeres que allí acuden.

Gide, rompedor de las barreras que le molestaban y conservador de los abusos que le convenían.

Ayer vi un doc sobre Gide (Avec André Gide, Marc Allégret, 1952) que consigue la proeza de -en hora y media- no hablar de su homosexualidad ni, menos aún, de su pedofilia.  
Y, ojo, que Gide sí lo confesó abiertamente, o sea, no se trata ni de especulaciones del tipo ¿era Shakespeare homo?, ni de sacar del armario a nadie que no quisiera salir.
Y otro ojo: el doc es de Marc Allégret que fue su amante cuando tenía 16 años y Gide 49. 
Marc Allegret y Gide

A mí Gide nunca me ha entusiasmado ni como escritor (aunque le dieran el Nobel) ni como persona.