jueves, 3 de septiembre de 2015

Fernando León de Aranoa, el progre misógino.

He recopilado en esta entrada comentarios y análisis sobre diversas películas de Fernando León de Aranoa que estaban dispersos en otros trabajos míos.

El primer film de León de Aranoa, Familia (1996), nos sorprendió. Nos pareció original y atrevido. Ese “nos” no es un plural mayestático, indica que tal percepción fue muy compartida. Y, de hecho, le dieron varios e importantes premios: al Mejor director novel en el Festival de cine de Valladolid y, posteriormente, también el Goya al mejor director novel.
Sí, esa película nos interesó a mí y a otra mucha gente pero, como en su día no la analicé, para hacerlo ahora tendría que volver a verla. Y renuncio a hacerlo. No sé, pues, hasta qué punto cambiaría mi opinión favorable si la revisitara, pero también es verdad que excepto las grandes obras, todo envejece.


Barrio

Su segunda película, Barrio (1998), fue más premiada aún: Concha de Plata al mejor director en el Festival de San Sebastián, Goya a la mejor dirección, Goya al mejor guion original[1], Premio al Mejor Guion del Círculo de Escritores Cinematográficos... (bien es verdad que 1998 no fue un gran año en el cine español).
A mí me hizo mucha menos gracia. Mucha menos. No diré que estaba mal realizada, no. El pulso narrativo era bueno. La historia me pareció, sin embargo, algo manida y previsible. No en sus detalles (mientras la ves puedes preguntarte, por ejemplo: ¿cuál de ellos morirá, cuál acabará enganchado a la heroína o en un reformatorio?). Manida de fondo, quiero decir: es esa peli de progre que retrata con ternurismo la adolescencia de tres chicos de barrio pobretón. Se huele “el amor” de León de Aranoa por los perdedores: son torpes y algo patéticos pero enternecen.
Esa mirada de ternura y comprensión, León de Aranoa la fabrica y la reserva para los personajes masculinos. Las mujeres no le despiertan (ni, por lo tanto, nos despiertan) tales sentimientos. Ni Susi, hermana de Javier (Marieta Orozco) que está ahí fundamentalmente para mover el culo y calentar al ingenuo Raimundo (Críspulo Cabezas); ni Carmen, madre de Javier (Alicia Sánchez) que abusa de su pobre marido (como más abajo comentaré); ni la prostituta de la que cándidamente Manuel (Eloi Yebra) se cuelga; nos conmueve la decepción de Manuel cuando ve que esa mujer va con otro pero, a la mujer, esa que tiene que chuparle el pene a un desconocido, a esa que le den –que le den propiamente por dónde sea...
En 2002 publiqué con el Instituto Asturiano de la Mujer un libro llamado ¿Somos todas de cine? Prácticas de análisis fílmico. En este libro propongo cinco prácticas de análisis en torno a cinco temas para realizar en el aula con adolescentes. Pero, creo que puede interesar a cualquiera que desee estudiar cómo los elementos y componentes del lenguaje cinematográfico crean sentido y significado.
La práctica de Barrio se centra sobre la violencia contra las mujeres. Analizo la escena que más me subleva: aquella en la que León de Aranoa viene a decirnos que las mujeres que denuncian malos tratos son mentirosas, falsas, arpías y solo quieren apropiarse de lo que los pobres hombres han ganado con el sudor de su frente. En fin, una escena de desvarío misógino porque lo que se cuenta en ella es totalmente fantasioso e imposible. Y esto que digo no es una opinión: la ley no lo permitía que ocurriera algo como lo que allí se cuenta, pero está narrado de manera que consigue manipular los sentimientos de l*s espectador*s y anular su distanciamiento crítico (más abajo remito a una página web donde poder consultar ese análisis detallado de los componentes audiovisuales de la escena). 
¿Cómo se permite León de Aranoa tal delirio alucinatorio en una película pretendidamente realista? Pues se lo permite porque, con las mujeres, él y otros tantos, se permiten lo que no se permitirían con los negros o con los emigrantes, por ejemplo.
Es más: ¿podría Fernando León de Aranoa adulterar y mentir sobre los asesinatos de ETA sin causar un grave escándalo social e incluso sin que lo metieran en la cárcel por apología del terrorismo de la misma forma que mintió en Barrio sobre la violencia machista?
Como dijimos, el guion de esta película fue muy premiado ¿podría haberlo sido si mintiera tan abiertamente sobre cualquier otra ley? ¿Premiarían su guion si contara de modo aparentemente realista una historia que, aun sin ser tan trágica, fuera tan imposible? ¿Si, de pronto, apareciera un elefante rosa en la salita de una casa de barrio madrileño? Pero, en este film, León de Aranoa se permite decir que basta con que una mujer vaya al juzgado y acuse a su marido de que le pega (mostrando con prueba un cardenal) para que, inmediatamente, la policía eche al pobre hombre de casa (con tres mudas, figuraos, casi dan ganas de llorar con solo oírlo) incluso aunque haya una testiga, la propia hija, que dice que no, que su padre no ha pegado a su madre. 
En aquellos años, cuando una mujer denunciaba malos tratos y agresiones, la ley no preveía la expulsión del maltratador del domicilio familiar mientras no hubiera juicio (que podía tardar, como mínimo, meses si no años). Y, de hecho, en 1998 se dieron casos de mujeres que ingresaron en los hospitales tremendamente malheridas y lo único que se podía hacer por ellas -si salvaban la vida- era llevarlas a casas de acogida porque la legislación en vigor no permitía otra opción.
Muchas mujeres asesinadas habían denunciado amenazas y malos tratos sin que la autoridad hiciera nada para protegerlas. Mar Herrero, por ejemplo, fue asesinada 13 de octubre de 1999 (un año después de que se estrenara esta película). Había interpuesto 16 denuncias contra su maltratador. Las autoridades no tomaron ninguna medida para salvarle la vida a pesar de que su asesino tenía antecedentes criminales y estaba en libertad provisional porque anteriormente había disparado contra otra ex-novia. Como se ve, nada que ver con la señora que mostrando un cardenal consigue que inmediatamente el juez ordene expulsar al marido de casa...
Y todavía, el 12 de junio de 2003 (cinco años después de que se rodara esta película y de que hubieran sido asesinadas trescientas mujeres más), Ana María Fábregas fue asesinada a martillazos después de haber interpuesto 54 denuncias durante diez años (diez años que para ella serían de auténtica tortura).
¿En qué país de fantasía delirante se sitúa, pues,  la acción de esta película?
De hecho lo que en definitiva nos predica el film es la idea de que los hombres están indefensos ante las acusaciones arbitrarias que pueden inventar sus mujeres. 
Como apunté anteriormente, si alguien desea analizar con detenimiento el contenido de la escena y los medios que en ella se usan para hacernos tragar esas (enormes) ruedas de molino, puede leer mi texto. Está colgado en la red. Creo que en varias páginas web. Aquí cito una de ellas:
 http://www.educacion.navarra.es/portal/digitalAssets/49/49761_9_mujeres_y_cine.pdf. (pag 42).

Otro aspecto que quisiera comentar de este cine tan pretendida pero tan falsamente realista: la ceguera que demuestran cuando se trata de reflejar los asuntos relacionados con las tareas que desempeñan las mujeres en la casa.
Lo habitual en el cine dirigido por varones (y los varones dirigen al menos el 90% del cine) es la ignorancia y el ocultamiento de los asuntos que ocupan, sin embargo, tantas horas de la vida de las mujeres. Cuando los abordan suele ser vertiendo opiniones despectivas y comentarios que los ridiculizan y denigran. Y esta combinación lleva a despropósitos de toda suerte. 
Así, Barrio -película con pretensiones realistas, vuelvo a repetir- muestra una casa con repugnantes cercos de suciedad en torno a las llaves de la luz. No negamos la posible existencia de una señora así de poco preocupada (digámoslo de forma suave) por la limpieza pero lo curioso es que, en otra escena, Javier, el hijo, cuenta a sus amigos que su madre es una obsesa que le destroza las camisetas a fuerza de lavarlas. ¿En qué quedamos? Quedamos en que, ni los que buscaron e hicieron los decorados, ni los que trabajaron el guion, ni, en última instancia el director, están interesados en controlar "esos detalles", ni en mostrar coherencia alguna en tales asuntos ni, por lo tanto, se preocupan por armonizarlos y detectar las posibles incongruencias. Recurren, por un lado, al tópico de “señora que amarga la vida de su familia con el lavado, fregado, barrido, etc.” pero, por otro, confunden piso de clase media-baja con piso guarro. De lo que no nos cabe duda es de que, en otros temas, no se hubieran permitido un desatino y un absurdo de tal calibre. Verbi gratia, un padre -no digo ya obseso sino simple aficionado al fútbol- que no supiera quién es el seleccionador nacional.

Los lunes al sol



Con Los lunes al sol (2002), León de Aranoa arrasó: Goya a la Mejor película, Goya al Mejor director, Concha de Oro en San Sebastián.
No niego que está bien narrada y realizada pero creo que el tema “social” influyó mucho para que le dieran esa cascada de premios.
Aunque, si hubiera existido un premio Palma y Medalla al Machista de Oro, ese año hubiera sido duro decidir entre 800 balas de Álex de la Iglesia, En la ciudad sin límites de Antonio Hernández y Hable con ella de Pedro Almodóvar.
Por no ser negativa, también quiero recordar que ese año varias directoras estrenaron pelis muy interesantes: Poniente de Chus Gutiérrez, A mi madre le gustan las mujeres de Daniela Fejerman e Inés París y El alquimista impaciente de Patricia Ferreira.

Puesto que terminamos el análisis de Barrio aludiendo al tema del trabajo doméstico, empecemos el de Los lunes al sol por él. Aquí tampoco se ve el trabajo doméstico que realizan las mujeres, ni, en consecuencia, se valora, pues ya sabemos que lo que no vemos, no existe. Y claro, ninguno de esos varones en paro ocupa sus horas muertas llevando la intendencia de la casa.
El film utiliza, sin embargo, el tema para que nos apiademos de uno de los amigos: cuando se suicida, la cámara recorre el piso donde vivía mostrando una suciedad y una incuria repugnantes. Nos enteramos de que su mujer lo abandonó y comprendemos que él no ha sido capaz de coger una fregona o un estropajo. Pero la película no fabrica un escenario emocional que nos haga pensar/sentir: “Con razón lo dejó su mujer, vaya un guarro inútil, todo el día dando tumbos con los amiguetes sin ser capaz lavar un plato”. No, por el contrario, la película fabrica el sentimiento de: “Pobre hombre, sin trabajo y encima la mujer, la pécora, lo abandona. ¡Cómo no se va a suicidar!”.
Estos sentimientos de comprensión hacia el suicida y rechazo a la actuación de su mujer, vienen reforzados por lo que ocurre con Juan (Luis Tosar) y su pareja. También por la escena donde se ve a un hombre llorando en la oficina del INEM, no porque esté en paro sino porque teme decírselo a su esposa: “A ver si ella lo entiende”. Mensaje: los varones sufriendo y las mujeres sin entender nada de nada, echando leña al fuego y sin ayudarlos ni aliviarles en su dolor. ¡Es que somos de lo que no hay!
De hecho, los hombres que aparecen en esta película son machistas, incapaces de cuidarse a sí mismos y de cuidar su entorno doméstico, con una idea de la dignidad viril totalmente retrógrada (recuérdese la secuencia del banco donde, al pedir el crédito, Juan se pone fuera de sí simplemente porque el empleado constata que él no trabaja y su mujer sí), etc. etc.
Se puede, por supuesto, hacer la opción narrativa de que los protagonistas sean tipos de estas características. Nada que objetar. Existen y nada impide hacer una película (y mil) sobre ellos.
Lo que objetamos es la mirada que el film construye sobre sus personajes. Porque debe estar meridianamente claro que el punto de vista de una película no tiene por qué coincidir con el de sus personajes. Una cosa es lo que se muestra y otra el punto de vista que se construye sobre lo que se muestra. Un relato puede mostrar a un desalmado, un racista, un xenófobo, un sádico, etc. sin que la mirada sobre esas actitudes sea complaciente. 
El punto de vista siempre existe pero se construye para que disienta o comulgue con lo que narra, para que simpatice con ello o lo juzgue críticamente… En definitiva: un film puede promover en los espectadores sentimientos positivos o negativos hacia lo que muestra.
Porque insisto: la primera premisa para hacer crítica feminista es no perder de vista que el film siempre es una representación. Está hecho con opciones y descartes. Todo absolutamente se elige: la historia, quien la encarna, lo que se muestra y lo que se oculta, cómo se utilizan los elementos que componen el lenguaje audiovisual (tipos de planos, duración, movimiento de cámara, montaje, iluminación, decorados, maquillaje, etc. etc.) y, en consecuencia, qué emociones, qué mirada fabrica y trasmite la película.
Nunca los elementos de un film están ahí, sin más; nunca la realidad es “esa”. Nunca.
Para ejemplificar lo que digo, basta con comparar la mirada que construye León de Aranoa respecto a las actitudes machistas de los personajes masculinos con las actitudes xenófobas. Estas últimas se censuran y se perciben claramente como rechazables. De hecho, sólo uno de los personajes es xenófobo y justamente está construido para que lo percibamos como ruin, vendido, cutre.
Yo creo que, desgraciadamente, cogidos al azar un grupo de parados, sería probable que todos o varios fueran machistas pero también creo improbable que solo uno considerara que hay demasiados extranjeros y que por culpa de ellos los españoles están en paro. O sea, también varios (no solo “el malo”) serían xenófobos.
O sea: si sólo se tratara de ser fiel a la realidad, la proporción de xenófobos entre los personajes de esta película debería ser mucho más alta y, por lo mismo, queremos creer que también alguno tendría una actitud menos machista.
El film, igual que construye para el espectador una mirada de rechazo hacia la xenofobia, podría construirla hacia el machismo. Si no se hace es porque la instancia narradora considera que no es tema para crear desagrado o, simplemente, que el machismo le parece “natural” y ni lo detecta (mientras sí detecta los comportamientos xenófobos, como hemos dicho).

Algo similar ocurre con el hecho de que el personaje de Santa (interpretado por Javier Bardem) use los “servicios” de una prostituta. Ello no desdora en absoluto su imagen de “tío estupendo” y que nos cae bien. No podría ser racista, ni xenófobo pero si es putero, no pasa nada.

Princesas


En 2005 León de Aranoa estrena Princesas. Creo que es seguramente la peor película de León de Aranoa (no he visto Amador): rutinaria, plasta, sin recursos expresivos interesantes cinematográficamente hablando: plano, contraplano, plano de conjunto y pare usted de contar.  
Es, por fin, una película protagonizada por mujeres. Como he analizado en varios trabajos, aunque seamos la mitad de la población, las películas protagonizadas por mujeres constituyen una minoría.
En este caso, son mujeres prostitutas. Como entre los escasos personajes femeninos de los films, hay sobreabundancia de prostitutas, digamos, pues, que León de Aranoa no se sale de la norma.
Y, al igual que ocurre con la inmensa mayoría de los filmes dirigidos por varones y que abordan la prostitución, aquí se predica el discurso habitual: ejercerla es un oficio como otro cualquiera.
Como ya señalé en un trabajo anterior[2]: “Aunque todos los estudios psicológicos concuerden en que el ser humano necesita en torno suyo un espacio y que la trasgresión de ese espacio se vive como agresión, en el cine parece como si las prostitutas tuvieran una estructura psíquica diferente. Ellas carecen de esos reparos basados en fuertes esquemas psicológicos tales como la intimidad, la inviolabilidad del espacio corporal que psicológicamente necesitamos y que sólo dejamos que traspase gente especial, la repugnancia a tocar (y no digamos nada a chupar) un cuerpo extraño, etc. Las prostitutas no han de violentar ninguna estructura psicológica, de modo que el ejercicio de la prostitución no conlleva humillación, ni desvalorización, ni asco, ni sufrimiento de ninguna suerte. En consecuencia, para pasar la noche en una acera esperando que cualquiera pida precio por “una mamada” no hay que recurrir a ningún tipo de estimulante ni droga legal o ilegal”.
Prostituirse resulta, pues, asunto intrascendente. Vender el cuerpo es algo que las mujeres pueden hacer con los más nimios e insignificantes motivos.
Eso nos cuenta Princesas. Caye, la protagonista, se prostituye porque tiene el capricho de pagarse una operación para agrandar sus mamas y se supone que este "trabajo" le resulta cómodo y adecuado. Hay que pasar por algún mal traguillo pero, bah, merece la pena. Por supuesto vender el cuerpo, la intimidad, el propio deseo, es algo tan leve, tan sin implicación alguna en los sentimientos, las emociones, la autoestima, que puede compaginarse con una vida totalmente convencional que incluya comida semanal en familia con madre, hermana, cuñado profesor de instituto... Una vida cuya aspiración máxima es encontrar a un hombre que la espere a la salida del trabajo (¿del burdel?).
Como Fernando León de Aranoa va de progresista, su película incluye un personaje que se prostituye sin desearlo, Zulema. Y plantea la propaganda bien conocida de: “Rescatemos a la pobre emigrante y dignifiquemos la profesión cuando se ejerce libremente”.
Ese rescate de la “pobre emigrante” no pasa, por supuesto, por la lucha contra la prostitución ni siquiera por la lucha contra la trata pues, si bien la emigrante se prostituye por necesidad y tiene que aguantar el maltrato de un tipo brutal que le promete papeles, no está sometida al control de ninguna mafia. Vino y se va siguiendo su albedrío. Depende de sí misma y de la generosidad de su amiga Caye. No estamos, pues, ante un tema de justicia ni de derechos humanos sino ante un tema de caridad.
Es una lástima que las miles y miles de mujeres procedentes de países de África, de Sudamérica o de Europa del Este y que se ven obligadas a prostituirse, no tengan una Caye a su lado. Aunque ya me serviría de consuelo que León de Aranoa dedicara los ingresos que le genere su última película a hacer “obras de misericordia” y facilitara la liberación de algunas de las que están en nuestras calles, parques, puticlubs de carretera y pisos.
En fin, Princesas ilustra la bonita teoría del libre albedrío, a saber: “No se debe obligar a nadie a ejercer de prostituta pero sí se trata de una opción personal ¿hay algo de malo?”.
Los defensores de esta bonita teoría no soportan que se objete que vender sangre o esperma o riñones puede ser también opciones libres pero no son opciones legales. Ni que probablemente vender un riñón sería una opción que muchas mujeres elegirían antes que la de ser traficadas. Ni les digas que el concepto de libertad es cuanto menos relativo pues también son libres los que trabajan 12 horas por 500€ o son libres los que se lanzan a cruzar el Mediterráneo con la esperanza de llegar a Europa. Y, no les digas que, en último extremo, aun admitiendo que hay un porcentaje de mujeres que ejercen la prostitución porque quieren (porcentaje ridículo, pero real) la cuestión es si como sociedad civilizada, hemos de aceptar que exista la posibilidad de comprar sexo. Una persona puede lesionarse a sí misma (aunque cabe plantearse por qué lo hace) pero no puede ser lesionada por otra. Pues igual: una persona puede querer vender sexo pero otra no puede comprarlo.  
Estoy convencida de que los que se cuentan esas fábulas de que prostituirse es “un trabajo como otro cualquiera” carecen de imaginación. Dudo que Fernando León de Aranoa sea capaz de pensarse a sí mismo en una acera, ofreciéndose a hombres y mujeres por igual (pues si no hay deseo, qué más da). Y no a “clientes” guapísimos, sino a cualquiera que pase por una esquina. Dudo que los defensores de la voluntariedad de la prostitución se imaginen  a sí mismos en una acera explicando sus tarifas (tantos euros por un griego, tantos por un francés...), negociando para no tener que rebajarlas en exceso[3]. Ni creo que se imaginen a sí mismos encerrados en un puticlub.

Un día perfecto (A perfect day)


Y llegamos a su última película, “A perfect day”. Confieso, de entrada, que tengo tentaciones de llamarla, en lugar de Un día perfectoUna machada perfecta".
Es un film hecho con bastante dinero. Buena producción, actores conocidos (Benicio del Toro, Tim Robbins). Y bien realizado. Vamos que te sientas en la butaca y te lo tragas como si fuera un film de Hollywood.
Y, como siempre, en Fernando León de Aranoa, rebosa de "intenciones progresistas"; antibelicistas, en este caso. Aunque yo creo que es un antibelicismo de salón, como a veces ocurre en los filmes americanos. Después de todo, en el film, la gente que de verdad sufre la guerra es la que menos importa. Constituyen una especie de telón de fondo y ya. Sirven de excusa para que los protagonistas vivan su (emocionante) historia.
Estos protagonistas son “héroes crepusculares” (esa adjetivación que tanto les encanta a los críticos de cine). Parecen de vuelta de todo, cínicos, insensibles, antipoéticos… pero, en el fondo, son tiernos. Así que, llegado el momento, se conmueven ante un niño que necesita urgentemente un balón de fútbol.
Las niñas no se sabe qué pueden necesitar. No aparecen. Yo creo que las niñas quizá solo necesitarían que no las violaran porque, como es bien sabido, en esa guerra de la ex Yugoslavia, (como en todas pero quizá con más saña) las violaciones de mujeres y niñas eran pan nuestro de cada día. Cosa que, por supuesto, en la película ni se huele, ni interesa, ni se apunta. 
Estos héroes crepusculares, ya se sabe, carecen de vida privada (con tener con quien follar, ya va bien)… Así, en otro momento, una de las chicas, le reprocha a Tim que no tenga afectos y alega que, si muriera, nadie lo echaría de menos. Comentario de Benicio: “Las putas no cuentan”. Con lo que se supone que las “putas” sí lo echaría de menos. ¡qué delirios machista, por favor!
La misión humanitaria de estos héroes no es un camino de rosas pero ellos son astutos y se las saben todas. No como ellas, que son, o mezquinas o tontamente idealistas. Porque, ojo, también hay dos mujeres, jóvenes, monas (cómo no). Una está allí para fastidiarlos, movida por sus deseos de venganza hacia Benicio del Toro que se acostó con ella pero no quiso ir a más. Tal es su y ruindad y perfidia que está dispuesta a hundir la misión humanitaria haciendo un informe negativo. Es que ahora que las mujeres podemos ocupar cargos de responsabilidad, resultamos un problema añadido porque usamos el poder para este tipo de mezquindades...
¿La solución? la que formula Tim Robbins cuando le dice a Benicio: “¿Por qué no te la tiras? Eso la aplacará y así hará un buen informe”. O sea, lo de siempre: las mujeres descontentas lo que necesitamos en "un buen polvo". 
La otra chica es, como dije, la típica "idealista" llena de buenos sentimientos y buenas intenciones pero que la va “cagando” (perdonad la palabreja pero es la adecuada) porque no se entera. Menos mal que ellos están allí para arreglarlo y finalmente son los que resuelven (a pesar de las meteduras de pata y/o de las aviesas intenciones de ellas).
Aunque no quiero alargarme en exceso, una amiga de facebook me ha recodado que tampoco el papelón de la novia de Binicio tiene desperdicio. Y así es, en efecto. No la vemos, pero la oímos por teléfono. ¿Y qué le preocupa a ese ser? dos cosas: el color del sofá de la salita y los celos. Sabe que su novio está en mitad de un tremendo conflicto bélico pero ni siquiera le preocupa que lo maten, solo que sea suyo, de nadie más. Está centrada en lo que realmente debe inquietar a una mujer-mujer (como decía el otro): la decoración del hogar y la posesión de un hombre.
Otra amiga de facebook disiente totalmente de mí porque opina que "la estrella de la película es la ganadera. Una mujer de campo, fuerte y decidida y la única que realmente sabe cómo seguir el camino, un camino minado que ella sigue firme y fuerte y enseña a los hombres la sencillez del trayecto donde ellos no ven".
La cito textual para que l*s lector*es saquen sus propias conclusiones. 
Las mías, desde luego, no coinciden. Para empezar, ignoro totalmente si esa mujer de las vacas es fuerte. Antes me inclino a pensar que no tiene más elección que sacar las vacas o morirse de hambre. Y creo, además, que no es que sepa el camino sino que sigue a las vacas, confiando en ellas porque, en efecto, los animales tienen algunas habilidades más finas que las humanas, el olfato, por ejemplo.
De modo que el rol de la vaquera de "guiar" a los hombres se lo trasmiten sus vacas y nace de su proximidad con la naturaleza. Desde tiempos inmemoriales se ha dicho, pregonado y teorizado que las mujeres andamos a medio camino entre lo animal y lo humano. En general no es que sea una situación interesante  -más bien es de segunda clase- pero puede tener su punto y de ahí que siempre hayan existido sibilas, pitonisas, brujas, adivinas...
Y sí, los héroes van a preguntar sus oráculos, pero los oráculos ahí se quedan mientras que los héroes son ellos, no te fastidia...
Esto me recuerda eso de que "en el fondo" somos las mujeres las que mandamos... O eso de que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer (en este caso, delante). 
Pues como que ni una cosa ni otra me consuela. 

Así es que mi conclusión para esta peli sigue siendo la misma: negación de nuestra existencia, misoginia, idealización de los personajes masculinos (que son, como ya dije, aparentemente insolentes, impúdicos, algo sinvergüenzas pero estupendos) me pone de los nervios. 
No soporto estos progres misóginos.




[1] Paso por alto otros premios como el Goya a Marieta Orozco como la mejor actriz revelación porque solo me quiero concentrar en los premios directamente concedidos al trabajo de León de Aranoa
[2] Aguilar, Pilar (2010): “la violencia sexual contra las mujeres en el relato audiovisual” en Pedro Sangro y Juan F. Plaza (eds.), La representación de las mujeres en el cine y la televisión contemporáneos, Barcelona, Laertes, pág. 141-158.
[3] Algunas mujeres prostituidas (muchas menos si nos atenemos sólo a lo que cuentan y muestran los medios) también defienden el “oficio” pero su defensa implica otros mecanismos psicológicos que nada tienen que ver con los de los defensores de la prostitución que se ganan la vida (a veces tan ricamente) de otra manera.

9 comentarios:

  1. Hola. Estoy realizando un comentario critico de la película Barrio, de Fernando León de Aranoa. Me gustaría saber, en pocas lineas, cual es tu opinión acerca del tema de la mujer en la película.
    Un saludo y gracias!!

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  2. Uno de los análisis más sesgados, injustos y más llenos de odio y frustración que he leído en mucho tiempo. Ir de feminista por la vida, no quiere decir que se sea una buena feminista.
    Hay que tener más amplitud de miras para visualizar el cine social que propone León de Aranoa, en donde los papeles de las mujeres, siendo o no protagonistas, son siempre personajes oprimidos, ninguneados y cosificados por los hombres, precisamente porque se trata de un director realista, que plasma lo cotidiano, lo que la sociedad defiende y propone. Es su forma de denunciar que en España hay machismo, racismo, violencia familiar, pobreza, y un largo etc de conflictos sociales. Que usted lo pinte, en este caso, como misoginia, produce sonrojo ante la osadía de colocar tan tremenda etiqueta a una persona que utiliza su trabajo precisamente para lo contrario.
    Ayer proyecté Barrio a un grupo de adolescentes y al analizar las escenas intrafamiliares que usted nombra como apología misógina, el grupo y yo acordamos que ese hombre es un maltratador, haya o no golpeado a su mujer. Como verá, una visión opuesta a la suya.
    Saludos de un educador, soltero, amo de casa y feminista activista.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Estimada Pilar, tuve la oportunidad y el placer de conocerte en Águilas en la presentación de uno de tus libros. Cuando vi "Un día perfecto" de León de Aranoa, sentí una indignación tremenda, me pareció un insulto para todas nosotras, y he de decirte que no dejaba de pensar en ti. Me hizo daño este guión y pensaba en si te ocurriría a ti lo mismo. A la mañana siguiente continuaba indignada y tú en mi mente. Leo tu análisis sobre la película y compruebo que coincidimos. Pilar ¿no se puede hacer nada para que el cine no realice representaciones insultantes hacia las mujeres? Es que es permanente... Comparto mi vida con un hombre y opinó como yo, todo un alivio, pero quizá muchísimos no son capaces de verlo ¿y mujeres? Me pregunto cuántas percibirían violencia hacia nosotras. En fin, me encanta el cine y lo sigo disfrutando, pero qué pocas veces nos libramos de una frase, imagen, representación simbólica en la que no rezuma sexismo y machismo. Ahora oigo comentarios sobre lo divertida que es una peli española que se llama Kiki de Paco León (lo anterior que ha hecho no lo he resistido) y no me atrevo con ésta. ¿Le estoy cogiendo miedo al cine? No es miedo, es que quiero disfrutar y que no me jodan, ya lo he dicho, y perdón por la expresión.
    Gracias por tu lucidez y por tu lucha. Un abrazo. Alicia

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  5. Estas navdades pude ver " Un día perfecto" y no salía de mi asombro, hacía tiempo que no revisaba la obra de León Aranoa y no le recordaba tan altamente machista.
    en su momento vi Barrio poseída de gran emoción y reconociendo lo que contaba
    gracias Pilar por ofrecernos tu trabajo

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