martes, 20 de diciembre de 2016

Ma’ Rosa de Brillante Mendoza, 2016

Brillante Mendoza es un director filipino que ya ha realizado catorce films aunque en España sigue siendo poco conocido porque solo se han proyectado dos películas suyas: Lola (2009) y Cautiva (2012).
Y desgraciadamente, creo improbable que esta, Ma’ Rosa, se vea programada en salas.
Así es que me pregunto para qué escribir sobre un film que la mayoría no podréis ver… Es dudoso que sirva para algo porque, como ya he comprobado en múltiples ocasiones, hasta que un film no se estrena, solo cuatro cinéfilos se interesan por él. Lo cual me parece normal, dicho sea de paso. Y si, por casualidad, meses más tarde, se proyecta, compruebo que nadie recuerda mis escritos. También normal.
Pero, con todo, me lanzo a comentar esta película porque lo necesito.
Empiezo aclarando que no la considero una obra maestra pero sí de enorme interés. Es un gran ejemplo de lo que solo el cine (en fin, digamos más ampliamente que solo el relato audiovisual) puede aportarnos, en qué mundos puede introducirnos, de qué manera puede hacernos más empáticos con otros humanos. Si el relato audiovisual no existiera, quedaríamos privados de una apertura mental, de una fuente de inteligencia y de conocimiento considerables.
Hecho este introito, voy al film.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

Almodóvar / Bertolucci: dios los cría y ellos forman piña…


En 2007 María Schneider declaró en el Daily Mail a propósito de la escena de la violación de El último tango en París:
"Esta escena no estaba en el guion original. A Marlon se le ocurrió la víspera. Me lo dijeron justo antes de rodar la escena y me rebelé. Tendría que haber llamado a mi agente o a mi abogado porque no se puede obligar a nadie a hacer algo que no está en el guion, pero yo entonces no lo sabía. Marlon me dijo: “No te preocupes, no es más que cine”. Pero durante la escena, aunque yo sabía que lo que Marlon hacia no era real, mis lágrimas sí eran reales. Me sentí humillada y, hablando con franqueza, tuve la impresión de ser violada por Marlon y por Bertolucci. Después de esta escena, Marlon no me consoló ni se disculpó. Menos mal que solo hicieron una toma."

Maria Schneider nunca más quiso volver a aparecer desnuda en un film ¿casualidad?

Yo creo que está clara la situación: una chica joven, 19 años, desconocida, aspirante a actriz que, de pronto, se ve rodando bajo las órdenes de un director prestigioso (cuatro largometrajes entre los que estaban, Prima della rivoluzione, La estrategia de la araña y El conformista) y formando pareja con Marlon Brando, figura mítica de Hollywood, estrella mundialmente famosa, casi treinta años mayor que ella.
O sea, Maria estaba en una situación manifiesta de inferioridad psicológica y social.

Llega ese día al set de rodaje: Brando y Bertolucci le anuncian, así, por encima, lo que piensan hacer. Aun sin contarle los detalles, a ella le desagrada y no quiere rodar esa escena. No quiere, pero tampoco sale corriendo. Podemos entender la presión que sufrió, su miedo, su agobio, su confusión, su aturdimiento (“solo cine”)… Luego, cuando ruedan, cuando ella ya está debajo de Brando y este la aplasta literalmente con su cuerpo y monta el número de la mantequilla, Maria se da cuenta de que la escena es mucho peor y más violenta de lo que le habían anunciado… Y sí, se siente humillada y violada. Y llora.

viernes, 9 de diciembre de 2016

El último tango el París. ¿Pecar contra el patriarcado o dinamitarlo?

No hay manera de que algunas mentes salgan de lo rancio.
Lo digo porque me maravilla la cantidad de gente que defiende El último tango en Paris argumentando que es iconoclasta, rompedora, progresista…
La película sería realmente innovadora si viésemos como un maromo tumba a Marlon Brando, lo inmoviliza, le unta el culo de mantequilla y le mete la polla. Así sí.
Y, oye que para considerarla sediciosa, atrevida, valiente, audaz (¿revolucionaria?) no sería preciso, que el maromo en cuestión “se la metiera de verdad”, bastaría con que la escena chorreara voyeurismo placentero. Ni siquiera exigiríamos que a Brando le hubieran ocultado lo que iba a pasar a fin de que su humillación y espanto fueran auténticos.

Maria Schneider tenía 19 años y era desconocida ¿cómo plantarle cara a Brando (50 años), esa una estrella mítica?

jueves, 17 de noviembre de 2016

Pelo malo, de Mariana Rondón

Concha de Oro del festival de San Sebastián en 2013. 

Pelo malo, no es para nada una película insustancial. Hay que verla. Por eso, aunque en su día escribí algo sobre ella, creo que merece la pena volver a recordarla y a aconsejarla.
Al cine se puede ir buscando muchas y variadas cosas. Y no me parece mal. Pero, por las mismas razones que alguien defiende su derecho de ver tontadas (Blue Jasmine, por ejemplo, un buen film pero una tontada) o monadas (Gravity, por ejemplo, un buen film pero, en definitiva una monada), hay que defender el derecho de ver películas que hablen de cosas que importan.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Elle de Verhoeven film asquerosamente biempensante

Hace poco colgué un comentario I, Daniel Blake, el último film de Loach y voy a empezar esta crítica de Elle (Verhoeven, 2016) evocándolo.
Elle es visualmente más poderoso que I, Daniel Blake. Y su puesta en escena más potente y refinada. Elle, a pesar de evidentes errores en la temporalidad, es una película muy bien realizada y más “brillante” que I, Daniel Blake.
Ya sabemos que el cine de Hollywood (de Hollywood, esté rodado donde esté rodado) es una excelente maquinaria que cuenta con elencos de profesionales de primera magnitud. Una maquinaria muy perfeccionada y de funcionamiento impecable en el manejo de las claves que fabrican sobresaltos, impresiones y emociones. Tanto, que esos films pueden afectarnos saltándose a la torera los valores que racionalmente sustentamos. Tanto, que pueden bloquear la capacidad crítica ante lo que nos muestran.
¿Pero por qué evoco I, Daniel Blake junto a Elle? Porque ambos films me parecen respectivamente muy ilustrativos de dos maneras de entender el cine.
Loach cree en el cine mientras que Verhoeven solo juega con él.
Hasta en el cartel se nota el cartón-piedra